Conoce la realidad que vive y decide qué desea compartir. Aporta deseos, intereses, capacidades, necesidades, preferencias, barreras, límites, objetivos y decisiones. Elige la actividad y participa en el diseño de su propia experiencia. Su vivencia no la convierte en representante de un colectivo.
Filosofía y metodología
Tres perspectivas, doce principios y un método que funciona en red.
Triple perspectiva
Ninguna perspectiva se sustituye: se complementan.
Proyecto Espira Viva se apoya en tres perspectivas diferentes, necesarias y complementarias.
Aportado por la entidad, escucha a la persona, realiza las valoraciones que correspondan, explica posibilidades y límites de forma comprensible y valida los aspectos técnicos: que la experiencia sea segura, que sea legal y que la técnica de su disciplina se aplique bien. No valida si la propuesta le parece buena ni si él la habría planteado de otro modo.
No interpreta la experiencia de la persona ni sustituye el criterio profesional. Aporta al profesional, determina si puede sostener la propuesta y, cuando decide realizarla, asume y organiza las condiciones que correspondan.
Aporta los diseños base y comprueba la coherencia de las adaptaciones vinculadas a su nombre. Cuando la persona lo solicita o lo autoriza, puede acompañar el proceso junto al profesional y compartir observaciones basadas en experiencia vivida, que no tienen carácter técnico ni profesional.
La experiencia personal no constituye conocimiento profesional; el conocimiento profesional no concede autoridad sobre las decisiones de la persona; y la capacidad institucional no convierte una propuesta no elegida o técnicamente inadecuada en una experiencia válida.
La persona en el centro
Autoridad sobre su propia participación.
Situar a la persona en el centro significa reconocer su autoridad sobre su propia participación, su experiencia y la información que decide compartir. No significa atribuirle responsabilidades técnicas u operativas que no le corresponden.
La persona elige la actividad que desea explorar y puede expresar qué quiere, qué necesita, qué le molesta y qué puede aportar. También puede establecer límites, plantear cambios, rechazar elementos, pedir tiempo, cambiar de opinión o decidir no continuar.
Los doce principios
Se sostienen o se caen juntos.
Gobiernan todos los programas, actividades, diseños y experiencias vinculados al proyecto. No son etapas ni una secuencia: se aplican de forma conjunta. No existe una versión de este proyecto digna pero no realista, ni accesible pero no voluntaria.
- Dignidad
Toda persona merece un trato digno, humano y respetuoso, adecuado a su edad y situación. Ninguna dificultad, diagnóstico, pasado o necesidad de apoyo la disminuye.
- No estigmatización
Nadie queda reducido a un diagnóstico, una situación, un pasado o un momento vital. Las categorías nunca contienen por sí solas a la persona.
- Autodeterminación
La persona decide qué actividad explora, cómo participa, qué acepta o rechaza, qué límites establece y qué comparte, con quién y para qué.
- Igualdad de experiencia
La forma de acceso o la necesidad de apoyos no determinan el valor de la experiencia ni justifican una opción de menor dignidad.
- Voluntariedad
Toda participación nace de una decisión libre e informada. Se puede aceptar, modificar, pausar, rechazar o finalizar sin consecuencias indebidas.
- Reciprocidad
Aportar, recibir, compartir, enseñar y aprender sin una división permanente entre quienes ayudan y quienes son ayudados.
- Participación
Participar puede consistir en estar, elegir, observar, contribuir, crear, conversar, hacer una pausa o formar parte desde una posición acordada.
- Accesibilidad
Se incorpora desde el diseño y se revisa para la persona, el contexto y la actividad concretos. Ante una barrera, alternativas de igual dignidad.
- Inclusión compartida
Cuando resulte viable y seguro, personas diferentes comparten espacios y experiencias, con apoyos, límites y condiciones que respeten a todas.
- Cuidado y seguridad
Ninguna actividad, objetivo o resultado se sitúa por encima del bienestar. Si no existe una forma responsable de realizarla, no se realiza.
- Complementariedad profesional
Cada profesional actúa dentro de sus competencias y reconoce sus límites. La experiencia vivida nunca sustituye una valoración profesional.
- Realismo
No se promete lo que no puede sostenerse. Un diseño base no es una actividad disponible; una conversación no es una colaboración. Crecer no se adelanta a las garantías.
El método
Ocho acciones conectadas.
Orientan la elección, el diseño de la experiencia y el aprendizaje. El método no sustituye una valoración técnica ni autoriza una ejecución. Desde la acogida de la persona están presentes la entidad responsable y el profesional.
¿Qué necesitamos conocer y qué desea compartir la persona?
Información pertinente, mínima y autorizada.
¿Qué significa esta realidad para la persona y qué comprendemos junto con el profesional?
Comprensión compartida con responsabilidades diferenciadas.
¿Cómo debe adaptarse el diseño base para que esta experiencia tenga sentido y pueda realizarse responsablemente?
Una experiencia singular construida conjuntamente.
¿Puede la persona participar de una forma que tenga sentido para ella?
Participación significativa, voluntaria y segura.
¿Qué conexiones adicionales podrían aportar valor?
Vínculos y oportunidades pertinentes y responsables.
¿Qué ocurrió y qué desea mantener, cambiar o finalizar la persona?
Información diferenciada y suficiente para decidir.
¿Qué hemos aprendido sin generalizar indebidamente?
Conocimiento situado para tomar decisiones responsables.
¿Desde dónde conviene continuar?
Nuevo punto de partida acordado y responsable.
Cuatro preguntas abiertas
Conocer comienza con cuatro preguntas que la persona puede responder, reformular o dejar sin respuesta: ¿qué quieres?, ¿qué necesitas?, ¿qué te molesta?, ¿qué puedes aportar? La cuarta parte de una convicción: toda persona posee saberes, experiencias o formas de relación que pueden tener valor para otras.
En Adaptar, «personas diferentes trabajando juntas» adquiere un sentido literal: la persona y el profesional diseñan juntos, sobre el diseño base elegido, la experiencia concreta. Solo se realiza aquello que la persona acepta, que el profesional considera técnicamente adecuado y que una entidad puede sostener.
Un método en red, no en fila
Reiniciar no es volver al principio.
Las ocho acciones no son ocho casillas que se marcan en orden. Volver a una acción anterior, mantener varias abiertas a la vez o reiniciar desde otro punto cuando cambia la realidad no es la excepción del método: es su forma normal de funcionar. Vividas por dentro, son un mismo movimiento que cambia de nombre según en qué momento se lo mire, como una espira que sigue siendo la misma línea aunque en cada vuelta parezca ocupar un lugar distinto.
Ocurren, además, en varios hilos a la vez: el proyecto sostiene la coherencia de su marco frente a la entidad; el profesional y la persona diseñan juntos; alguien busca un recurso que todavía no existe; y en paralelo, siempre, algo se está evaluando aunque nadie lo haya convocado. Esos hilos convergen en momentos concretos y vuelven a separarse después.
La forma es circular solo en apariencia: en realidad es espiral, porque nunca vuelve exactamente al mismo sitio. Reiniciar es volver transformado al punto que la nueva realidad exige.